Perfume de tocino
…pero no le dio tiempo de llevárselo a la boca. El tenedor de Nieves había descendido también a velocidad
de halcón y se le hincó en el dorso de la mano con un crujir de huesos.
…pero no le dio tiempo de llevárselo a la boca. El tenedor de Nieves había descendido también a velocidad
de halcón y se le hincó en el dorso de la mano con un crujir de huesos.
“Ay, Obdulia, cuánto lo siento, pero este año no se me dio ni una calabaza. Perdí toda la cosecha porque…”
No había terminado la frase cuando, por debajo de la cama, comenzaron a salir rodando calabazas, una tras otra,
en alegre tropel de verdes, ocres y amarillos.
Calabazas, calabazas Leer más »